Con enorme satisfacción y orgullo, el equipo de Ceteris Paribus se complace en anunciar formalmente a la economista Camila Colmenares como ganadora del Premio «Adam Smith» Economista Joven del Año 2024 de Ceteris Paribus en la categoría femenina. Este reconocimiento es un tributo a su destacada trayectoria, su impacto en el ámbito económico venezolano fundamental para el progreso del país y su compromiso por aportar soluciones innovadoras y valiosas a los desafíos de nuestra sociedad.
Camila Colmenares es mucho más que una economista destacada: es una líder que ha sabido combinar su rigor técnico con un profundo compromiso social y una visión estratégica que está marcando un precedente en Venezuela. Su trayectoria es un testimonio de excelencia e innovación, desde la dirección de la principal asociación de capital privado del país hasta su participación como voz influyente en el World Economic Forum en Davos. Camila no solo analiza el entorno financiero, sino que construye puentes entre las ideas y la inversión, empoderando simultáneamente a mujeres en comunidades vulnerables.
Pero ¿Quién es Camila más allá de los logros? En esta nota, exploramos su lado más humano, sus inspiraciones y su visión sobre los retos y oportunidades en la economía venezolana.
De esta manera, con gran entusiasmo, compartimos este encuentro con un profesional cuya carrera refleja una búsqueda constante de la integralidad. Ya sea en el ámbito académico, en el sector de las finanzas de impacto o liderando iniciativas de alto nivel, su labor es fundamentalmente para trazar nuevos caminos hacia el progreso del país, demostrando que el liderazgo económico requiere tanto de una mente aguda como de un propósito humano.
“Lo paradójico en mí es que ‘eso’ en lo que me he especializado es poder unir el conocimiento de una de mis tantas actividades en las demás y crear oportunidades a partir de esta unión” – Camila Colmenares
A través de la siguiente entrevista, te invitamos a conocer a Camila Colmenares. Descubre su historia, sus motivaciones y la visión de una mujer que está redefiniendo el liderazgo en la economía venezolana.
- ¿Quién es Camila más allá de lo académico y profesional?
La verdad, solo soy. A lo largo de mi vida he progresivamente entendido que enfrascarme en descubrir “quién soy” como si fuera algo fijo me hace enfocarme demasiado en mis pensamientos y en lo que “debería ser”, en lugar de estar presente en mi día a día, cambiando y evolucionando a medida que crezco.
Entendiendo eso, si puedo describir qué me gusta o qué hago más allá de la economía. Me encantan las historias y las palabras. Escucho podcasts sobre libros, artistas o sobre la vida de autores todos los días, y esto es lo que consumo por puro entretenimiento; cuando escucho podcasts de inversión, de autoayuda, o de CEOs, lo disfruto, pero siento que siempre hay un ligero tinte profesional. También leo diariamente y escribo desde pequeña (de todo, poemas, sonetos, cuentos, pensamientos, canciones). Cuando me pongo a imaginarme escenarios para distraerme (como hace todo el mundo) suelen ser conversaciones, discursos, ideas. De verdad, las palabras y las historias son mi estado “default”, por así decirlo. También soy bastante corporal. Me encanta hacer ejercicio y bailar; durante la semana hago 4 clases, cada una de una disciplina distinta, me mantiene con los pies en la tierra. Más allá de eso, soy muy de mis amigos y de mi familia. Como me gusta mucho “estar presente”, la verdad soy malísima con el teléfono, siento que me desconecta de la realidad; pero he aprendido a ser más atenta y a escribir/llamar recurrentemente, y como siempre estoy pensando en ellos, he aprendido a exteriorizarlo más.
- ¿Qué fue lo que te inspiró a estudiar economía y cómo crees que esa decisión ha moldeado tu visión del mundo?
La verdad, yo no iba a estudiar economía, hasta el día antes de las inscripciones yo iba a estudiar “Estudios Liberales” en la UNIMET, porque no estaba muy clara de cómo unir todo lo que me gusta y esa parecía una buena opción. Un día como cualquier otro, me dio curiosidad hacer el examen de admisión de la UCAB, así que me registré para hacerlo. Una prima muy querida y admirada (mayor que yo por 12 años más o menos), me dijo una vez “pero si te gustan tantas cosas, puedes estudiar economía”, y cuando me estaba registrando vi que la UCAB tenía esa carrera y esa fue la que escogí. Por mis notas del examen de admisión, me invitaron a una pre-inducción con la escuela, ahí me enamoré de la universidad. El día antes de inscribirme en la UNIMET, le dije a mi mamá que iba a estudiar en la UCAB. Fue bastante místico por dos razones:
- Mis oportunidades son resultado de mucho esfuerzo familiar. Mi mamá creció en El Cementerio (muy cerca de la UCAB), y trabajó muchísimo para estudiar en la Simón Bolívar, como iba de polo a polo y el dinero era escaso, se iba de madrugada y se devolvía de noche. Al final, se convirtió en una mujer exitosa que me ha brindado la mejor educación que podían costear ella y mi papá, además de llevarme a cada actividad extracurricular en la que se me ocurrió participar (que fueron muchas). En Caracas, yo vivía muy cerca de la USB en el momento que decidí estudiar en la UCAB. Yo también me fui de polo a polo, solo que a la inversa y con una situación muchísimo más cómoda que la que mi mamá experimentó.
- Mi prima que me impulsó, sin saberlo, a estudiar economía, murió de cáncer hace un par de años, luego de batallar muchísimo con la enfermedad. Es muy profundo para mi pensar que, aunque no tuvo hijos, al final mi carrera, mis viajes, mis logros, y mi forma de ver el mundo, son legado de una conversación en el mesón de su cocina en Lechería. Es un hecho que atesoro mucho.
Y en cuanto a cómo “ha moldeado mi visión del mundo”: Yo siempre he sido dispersa. Soy disciplinada, estudiosa, enfocada en resultados, sí, pero también me encanta hacer mil cosas al mismo tiempo. Cuando hablaba de actividades extracurriculares, de verdad que cada mes, desde que empecé bachillerato, le llegaba a mi mamá con una adicional. Eso se sostiene hasta el presente, tengo dos trabajos; hago cuatro disciplinas deportivas distintas; leo varios libros en simultáneo; pinto y escribo pero sin una técnica predilecta para ninguna; mis mejores amigos y mi pareja, cada uno viene de un círculo distinto. El consejo para el éxito suele ser enfocarte en algo y desarrollar eso, pero si te fijas en los grandes ilustres de la historia, ninguno era solo una cosa.
Lo paradójico en mi es que “eso” en lo que me he especializado es poder unir el conocimiento de una de mis tantas actividades en las demás y crear oportunidades a partir de esta unión. Una gran razón por la que pude desarrollar ese talento es porque estudié economía en una universidad que premia la integralidad. Cada debate de MUN, tarea que cumpliera en la oficina, clase que daba con el voluntariado o charla que escuchaba en el Congreso no tardaba en conectar con algo que estudiara en mis materias; y así es cómo he seguido experimentando mi vida.
- Si pudieras explicarle a un niño de 10 años lo que haces como economista, ¿cómo lo harías?
En pocas palabras, yo me encargo de que las personas que tienen una buena idea o un buen negocio puedan sentarse a conversar con las personas que quieren darles dinero para desarrollar esa idea o que quieren comprar el negocio para que crezca.
- ¿Qué habilidades consideras que, como economista, han influido en tus decisiones personales y en la perspectiva en la que analizas la vida?
Hay un lado negativo y uno positivo para esta pregunta.
El negativo es que puedo ser sumamente transaccional y muy enfocada en “los hechos”. Para mí, todo tiene un costo y un beneficio y “lo justo” es que los beneficios superen los costos, cuando no es así, puedo ser muy tajante en expresarlo o en salirme de la situación. Cuando hablamos de un negocio, esto es una habilidad envidiable, pero cuando nos referimos a relaciones interpersonales, es una perspectiva muy egoísta. Los humanos no somos un balance de ganancias y pérdidas, somos criaturas complejas y subjetivas que no pueden encajar en una cuadrícula. Ha sido muy importante para mi madurez personal entender que la vida no es una transacción, y que cada relación es importante no por el “beneficio” que te brinda, si no por lo abstracto (y, por ende, no cuantificable) que trae a tu vida y que no experimentarías con nadie más.
El positivo es que soy una persona poco rencorosa y muy abierta en mi pensar. No suelo juzgar a la gente, siempre hay un beneficio de la duda cuando tiene que ver conmigo (soy mucho más estricta cuando tiene que ver con mis amigos/familia/pareja). Obvio, he tenido que acompañar esto con límites, pero la vida es mucho más ligera cuando se te hace fácil dejar ir los disgustos. Siento que ser economista potenció este lado de mi personalidad porque me llevó a entender que la mayoría de las decisiones tienen que ver, mayoritariamente, con el comportamiento individual. Las personas van a hacer y creer lo que necesiten para satisfacer sus necesidades inmediatas (esto va desde comprarse una botella de agua hasta hablar mal de alguien más), y cuando esas necesidades cambien, la misma persona juzgará sus acciones en retrospectiva. Yo no soy nadie para decir que mi juicio es más valioso que el de sí mismo.
- Has estado involucrada desde hace algún tiempo en el ámbito académico como docente ¿Cuál es el valor de la educación en un país como el nuestro?
Enseñar siempre ha sido mi trabajo favorito. Yo enseñaba Gobernanza y Gestión Pública (a pesar del nombre, la base del pensum es el rol del sector privado, emprendimiento y sociedad civil en la gobernanza de los países). Yo heredé la materia de mi tutor de tesis, otro joven, recién graduado en su momento, que decidió crear una electiva. Lo cómico de nuestra relación profesional, que a lo largo de los años se ha transformado en una relación de mentoría y amistad, es que definitivamente diferimos en muchas ideas políticas de la actualidad. Sin embargo, logramos encontrarnos en dos aspectos fundamentales: (i) ambos creemos firmemente en las libertades individuales, la democracia y en el poder del libre mercado; (ii) los dos estamos dispuestos a aceptar que cada uno de nosotros tiene su propia visión de cómo llegar a construir estos estados, además de aceptar e involucrarnos con empatía e inteligencia en las críticas y en las preguntas del otro.
Definitivamente, yo decidí llevar este respeto y enaltecimiento del debate a las clases con mis estudiantes. Cada viernes, todos discutíamos eventos, desde los más técnicos e internacionales hasta los memes de crítica a la universidad, y yo otorgaba puntos de evaluación continua a las personas que podían demostrar que habían expandido su punto de vista. Adicionalmente, teníamos elecciones constantes, para todo, desde líderes de equipo hasta personas que podían entrar a los exámenes antes que el resto y compartir con el salón entero las preguntas y lo que respondieron, si así lo decidían. Esta persona no tenía puntos extras por hacer esto, simplemente tenía la capacidad de elegir si lo enviaba al resto o no. Obvio siempre lo compartieron.
Mi idea no era “jugar” con los estudiantes, o “hacerlo divertido”, era darles la oportunidad de votar. Las sociedades más democráticas (Suiza es un buen ejemplo), votan por situaciones que tienen un efecto inmediato en su vida; en el salón construimos una pequeña Suiza. Al final del semestre hacíamos planes gubernamentales para la universidad. En una ocasión presentaron estos proyectos a un panel de jurados jóvenes con una carrera bastante desarrollada en política, organismos multilaterales, periodismo y economía, que también resultan ser mis amigos. En algún punto, los estudiantes eventualmente estarán en un panel, y van a completar ese círculo.
Explico con tanto detalle la manera en que decidí estructurar la materia, aprovechando en pro de los estudiantes la autonomía que me brindó la universidad y la confianza del tutor que me cedió su materia, para ilustrar tres oportunidades esenciales que tiene Venezuela en cuanto a educación:
- Los profesores jóvenes, que tenemos la oportunidad de impartir conocimiento en nuestra alma mater sin el PhD que usualmente es requerido, tal vez no ofrecemos el prestigio que si ofrecen las eminencias (quienes deben mantenerse en el país para seguir desarrollando la calidad que nos caracteriza), pero cuando enseñamos, lo hacemos por vocación, por brindar a los estudiantes una experiencia que nos hubiese gustado vivir, y con una consciencia plena de cómo la materia se adapta al día a día de los estudiantes.
- Nosotros tenemos la oportunidad de crear en el salón de clases el entorno que mucho de estos estudiantes no pueden experimentar fuera. Estudiar, en la Venezuela de hoy en día, es un privilegio grande. Tenemos que seguir demostrando que vale la pena.
- La educación va más allá de la matemática o de la lectura. En un mundo híper tecnológico, creo que debemos enfocarnos en el desarrollo de habilidades más profundas: la lógica detrás de un resultado numérico y en qué operaciones del día a día esa lógica será necesaria; cómo ser ciudadanos en circunstancias donde es más fácil no serlo; quiénes son los filósofos que defienden valores iguales y contrarios a los nuestros, y qué podemos aprender de ellos; entre muchas otras.
- ¿Qué significa para ti ser una mujer líder en un sector históricamente dominado por hombres? ¿Cómo manejas el hecho de liderar iniciativas tan importantes y de alto impacto?
Yo vengo de una familia de madres solteras y mujeres que han tenido que sobrevivir violencia, incluso sin darse cuenta de que lo estaban haciendo. También es una familia de mujeres empresarialmente exitosas, de mujeres que fueron las que consolidaron el famoso “salto de clases” de los 90’s y 00’s. De ellas aprendí sobre el trabajo, la resiliencia y el sacrificio; de la importancia de nunca sentirte pequeña ante las adversidades; y entendí que la asertividad en las mujeres suele, en el mejor de los casos, solo ser tolerada. Esto se reafirmó con las mujeres que luego se convirtieron en mis guías (desde mi jefa en P&G, pasando por mis compañeras y mentoras en el DVC, mis socias y las beneficiarias en WOFI, hasta las directoras de Venecápital). Todas, sin excepción, me recordaron tres cosas importantes para lograr tener éxito como mujer en este mundo:
- Aprende cuándo hablar, qué decir, con quién y cómo. Escoge tus batallas y se humilde, pero no desaproveches los momentos en los que puedes brillar por miedo a incomodar.
- Vístete bien. Puede que algunos días tengas más creatividad que otros, que no siempre te montes en unos tacones, que no seas la más despampanante, eso está bien, porque ese no es el punto. El punto es que nadie te haga sentir menos cómoda o segura porque estás muy descubierta, o desaliñada o incómoda. Más allá de adherirte a un estándar de género, míralo como un mecanismo de protección.
- No compitas con otras mujeres. No tiene sentido, terminas dañándolas a ellas y a ti, además de que somos mucho más poderosas unidas. Para luchar contra los ámbitos negativos de ser una mujer profesional, tenemos que ser campeonas para las demás. No hay alternativa ni atajo. Además, pocas cosas se sienten tan bien como ver a las mujeres que te han impulsado orgullosas de ti, y que sea recíproco. Las mujeres que más he admirado en mi carrera profesional siempre son las que tienen un círculo de apoyo lleno de otras mujeres, sencillamente es así.
Ahora bien, también debo resaltar que, aunque ha habido hombres desubicados, he tenido la fortuna de que mis jefes (en Diageo, en el DVC y su Junta, en Venecápital, su Comité y sus Miembros), mentores, compañeros y mi actual socio han sido excepcionales conmigo, y también son de los primeros a los que recurro cuando necesito apoyo o quiero celebrar un logro. Son personas que se han esmerado en impulsarme, en hacerme ver mi valor, en protegerme sin dejar de retarme, en defenderme cuando lo he necesitado. Son hombres que cualquier mujer joven sin miedo a hacerse notar agradecería tener a su lado. Ser lo suficientemente afortunada para que esta sea mi experiencia me ha hecho ver que, aunque entiendo que es una situación macro que me supera, es importante llegar a estos espacios desde el optimismo y la búsqueda de compañerismo intergénero, no desde la confrontación y el prejuicio de que inevitablemente una va a ser discriminada.
- Dirigiste las operaciones de la Asociación de Capital Privado más importante del país ¿Cuáles son, a tu juicio, las principales fortalezas del empresariado venezolano hoy en día?
En este tipo de preguntas creo que la respuesta “default” es resiliencia, porque indudablemente es una característica que el empresario venezolano ha forjado con esfuerzo descomunal. Sin embargo, creo que la resiliencia es una virtud que se presenta de manera relativamente común en los empresarios en general. Para mí, una fortaleza específica del empresario venezolano es la anticipación y el análisis de escenarios. Al ser una economía que busca una adaptación rápida a todo: demandas cambiantes, patrones de consumo, especulación de precios, contradicciones en política fiscal y monetaria, diáspora, regulaciones, entre muchas otras; la memoria histórica del empresario venezolano está llena de data valiosa.
Yo tiendo a alinearme con el concepto de los cisnes negros, creo que la predicción es una herramienta limitada, no podemos asegurar escenarios futuros. Sin embargo, no es eso a lo que me refiero, lo que creo es que cuando el empresario venezolano observa ciertos patrones que ha experimentado antes, puede acceder (literal y figurativamente) a data de escenarios previos, adaptarla a las circunstancias propias del momento, y actuar con mayor asertividad basado en su balance interno de riesgos. Esto es una fortaleza valiosísima, porque hace del empresario venezolano una máquina de escalabilidad en nuevos mercados que no todos son capaces de manejar.
- Si pudieras plantear hoy a los tomadores de decisiones una sola política económica clave ¿cuál sería?
La más inmediata es estabilizar el gobierno, de preferencia por medios democráticos. Inmediatamente después, generar un plan de la nación dónde se evidencie qué va a pasar con PDVSA, cómo se llevará a cabo internamente el proceso de extracción, refinación y venta petrolera, y en qué se va a usar la renta. Cómo se va a dividir el gasto entre el sinfín de necesidades que tiene el país. Creo que es evidente que una parte significativa tiene que ir hacia servicios básicos, salud y educación; pero es importante también considerar la inversión (interna y externa) en industrias distintas a la petrolera.
En mi opinión, la industria de energías alternativas y el ecosistema de innovación tecnológica (startups, emprendedores y venture capital) son dos nichos que deben ser impulsados. También es importante una reducción significativa del sector público, además de la reubicación de esos empleados en industrias más productivas que sean capaces de mantenerlos. También deben tomarse decisiones de política monetaria o de dolarización, que tendrán un efecto potente en la solvencia y liquidez del país. También se debe decidir cómo financiar la deuda externa.
Creo que no hay una respuesta suficiente si hablamos de “una sola política”. Para mí, la respuesta inmediata es estabilización del ejecutivo, separación de poderes, reevaluación y reconstrucción de las instituciones existentes y la elaboración de un plan donde se evidencie, de manera transparente, cómo vamos a aproximarnos a todos estos dilemas.
- ¿Qué habilidades o cualidades personales sientes que te han llevado hasta dónde estás hoy? ¿Cuáles son las claves que han mantenido a Camila en el alto nivel de liderazgo?
Hace poco más de un año, uno de los vicepresidentes de Venecápital dio un consejo en el Congreso de Economía de la UCAB que encapsula mi camino profesional: encuentra algo en lo que eres bueno, te guste moderadamente y puedas escalar.
A mí me encanta el trabajo que hago con Cressencia y mis clientes emprendedores; adoro dar clases, y amo poder participar en transacciones financieras grandes en mercados a los que nunca imaginé llegar. Todo eso lo disfruto en esencia y agradezco el impacto positivo que tiene para miles de persona y para mi propia carrera, pero igual, estar sentada en una computadora y asistiendo a reuniones día tras día si se siente como trabajo. No es un juego, no es relajante, no es “romántico”. He aprendido a aceptar eso, ser disciplinada, y comprometerme a no ser mediocre. Curiosamente, desapegarme de la idea de que mi trabajo debe ser la luz de mi vida me ha liberado muchísimo, me ha hecho disfrutarlo más, y me ha impulsado a mejorar, porque ahora sé balancear entre mis “deberes” y mi ocio y descanso.
Otro consejo es el atreverse a intentar muchas cosas, desde temprano, y fracasar en ellas. Yo empecé a trabajar a los 17, eso es muy temprano y no digo que si tienes 50 no puedes empezar de cero, pero el tema es ese, hay que empezar. También, cuando digo fracasar, no me refiero a la visión de fracasar como un evento puntual, me refiero a regularmente aumentar las consecuencias del potencial fracaso.
En un inicio de la vida laboral, el fracaso se puede ver como una evaluación negativa en tus pasantías, que amenaza tu contratación y te hace darte cuenta que no eres tan bueno manejando data como creías y que toca estudiar y mejorar. Luego puede ser equivocarte en un modelo para la empresa y que esto implique más trabajo para el equipo de tesorería. Tal vez más adelante implica representar a la organización en un evento internacional y no saber cómo lidiar con personas que no te ven como un igual por tu edad. Puede ser que un día armes una propuesta por millones de dólares y te arriesgues a perderla si no logras entender específicamente lo que un inversor estricto quiere. Capaz un día sabes que pudiste haber llevado una mejor reunión y no lo hiciste porque estabas lidiando con la carga emocional de la migración, y eso resultó en no vender una empresa a tu cliente. Todos estos han sido escenarios a los que me he enfrentado, y que he tenido que superar.
La clave está en que yo, en absolutamente todos estos casos, me estaba preparando (estudiando, reflexionando, escribiendo, investigando, iterando) para el éxito, estaba plenamente segura de que podía alcanzarlo, pero aún más importante, estaba preparada para lidiar con las consecuencias de fallar. Esa es la verdadera clave, no arriesgarte pensando solamente en lo chévere que sería tener éxito, si no también evaluando cómo lidiarías con (y de ser posible, arreglarías) las consecuencias del fracaso.
- Si miras hacia atrás, ¿qué consejo le darías a la Camila que recién empezaba la universidad?
La verdad hay aspectos de la Camila de la universidad que me gustaría impulsar más en mí en el presente. Esa chama se lanzaba a las oportunidades con una irreverencia propia de las personas que entienden que cada reto es una oportunidad de avanzar, y sin nada que perder. Creo que a medida que uno crece y vive, obvio los riesgos tienen consecuencias más potentes, solo que, históricamente ese aplomo (propio de una joven que entiende que las cosas se tienen que hacer cuando uno las siente y que nadie las hará por ella) me ha llevado a los resultados de los que estoy más orgullosa.
Más allá de eso, yo siento que he aprendido mis lecciones en el momento más adecuado. Era imposible para mi saberlas en 2015 y, la verdad, si prevengo a la Camila del pasado de los eventos que la llevaron a aprender, probablemente en este momento aún no las sabría. Así que, en aras de no caer en la paradoja del tiempo, solo le diría que confíe en si misma, que tanto el llanto como las risas van a pasar más rápido de lo que ella cree, y que la Camila del futuro está muy agradecida con ella por todo lo que va a experimentar. Capaz si le pidiera que deje de verse a sí misma como una víctima de sus circunstancias y entienda todo el valor que tiene como persona, pero honestamente sería un consejo injusto porque en ese entonces ni siquiera sabía cómo se siente la autovaloración real. Ese es el tipo de amor propio que solo desarrollas viviendo.
- ¿Cómo te imaginas el mediano y largo plazo en Venezuela? ¿Qué puede hacer la sociedad, desde su posición, para contribuir positivamente en estos resultados?
La verdad considero que no me desarrollo en el ámbito de la economía que puede, apropiadamente, hacer esa aproximación de la Venezuela imaginaria. Sin embargo, si considero que tengo potestad para emitir, desde mi área (inversión y emprendimiento), dos cosas que me encantaría que sucedieran:
- Los nuevos profesionales necesitan entender sobre inversión y emprendimiento. Cuáles son los mecanismos y los actores (PE funds, venture funds, impact funds, growth funds, adquirientes empresariales, deuda privada, deuda externa con otros gobiernos, deuda y grants por parte de organismos multilaterales, etc.); cuáles son nuestras ventajas competitivas (no solo en términos de materia prima para grandes industrias, si no en oportunidades de mercado para innovar); cómo se lleva el discurso global; cuáles son las consecuencias geopolíticas y comerciales de nuestras decisiones; cómo se refleja eso en empresas locales, en pequeños emprendedores y en freelancers; y muchas otras temáticas. Debemos enseñarlo en educación media y superior porque este se va a convertir en el principal impulsor de la economía venezolana en el corto y mediano plazo (mientras se reconstruye un sistema productivo) y para poder demandar, como ciudadanos, medidas que mejoren la calidad de vida de la población, pues debemos entender cómo funcionan dichas medidas. Si mañana hacemos unas elecciones, y candidato X tiene conexión con fondos y empresas privadas, mientras que candidato Y tiene un amplio historial de carrera en organismos multilaterales, ¿Por cuál vota el venezolano promedio?
- Me encantaría que el gobierno del momento se decantara por invertir en emprendimientos, startups y PYMES, en lugar de exclusivamente proveer soluciones a través del gasto público. Creo que esto va a potenciar la creación de trabajos y el espíritu emprendedor que el venezolano ha desarrollado, por necesidad, durante los últimos años. En mi opinión, volver exclusivamente a una mentalidad de “mi hijo va a la universidad para conseguir un trabajo estable y tener su quince y último”, y desechar la mentalidad actual de “voy a lograrlo como sea, no hay de otra” es un retroceso de cara al estado global hiper tecnológico. No digo que todos tenemos que vivir en modo supervivencia por siempre, pero no es un contexto global apto para la comodidad y estamos viendo cómo los sistemas que consideramos “estables” se están resquebrajando ante la creciente presión fiscal. Poblaciones actuales (sobre todo en Europa) viven del dinero prestado por generaciones futuras, y esas son las que sufrirán las consecuencias del déficit. Invertir en un ecosistema emprendedor ahora que le quite presión fiscal al gobierno (no importa dónde ni cuándo leas esto) es una solución para el largo plazo.
- Cuéntanos un poco de tu reciente participación en el World Economic Forum ¿qué aprendizajes o herramientas te llevas de esta experiencia?
Yo fui a Davos debido a mi experiencia en innovación social, los resultados que he obtenido y porque soy Global Shaper (la comunidad “menor de 30” del WEF). He diseñado e implementado iniciativas de innovación social en Venezuela que han alcanzado a más de 500mil personas y gracias a esta experiencia, además de mi carrera en finanzas de inversión (específicamente M&A en mercados fragmentados de Europa), fui una de las 40 Shapers seleccionadas este año, entre los 10mil que existimos a nivel mundial.
La situación de Venezuela, la necesidad constante de que la sociedad civil responda con programas innovadores (sobre todo aprovechando grants internacionales), mi educación en la UCAB y mi paso por el Voluntariado y los Modelos de Naciones Unidas, entre muchas otras circunstancias, me llevaron a tener y aprovechar oportunidades que jóvenes en otros países ni siquiera sueñan. Aprendí cómo comunicarme en esferas internacionales y también en comunidades muy vulnerables, siempre con el mismo respeto, y llevando problemas de “la calle” a discursos de alto nivel; sé lo que es el privilegio y la empatía; y vengo de una familia que me inculcó el valor del trabajo sin importar mi género porque todos teníamos que echarle pichón para salir adelante. El tema es que yo no soy la única venezolana que conozco con este perfil. Quita mi nombre, cambia los detalles y puedes copiar y pegar la esencia de esa historia en muchos venezolanos.
Mi primer insight: nuestra historia es TAN valiosa que, en la reunión internacional más importante del mundo, me impulsaron a compartir mis aprendizajes en mesas donde no imaginaba que llegaríamos. El know-how de cómo sobrevivir a la crisis e igual mantener nuestras organizaciones/empresas/negocios será cada vez más relevante en un contexto global dónde parece que el mundo, en general, está cayendo en crisis.
Segundo insight: podemos escuchar discursos en escenarios gigantes, donde los jefes de estado o grandes empresarios y millonarios suenan muy asertivos, pero cuando se apagan las luces y nos sentamos con un trago o un café, la verdad es que todos estamos bastante confundidos. Eso puede asustarnos o impulsarnos. Yo me decidí por la segunda opción. Para mi esta es una oportunidad para todos ubicarnos en el punto cero y empezar a construir. ¿Cuál es la ventaja de hacerlo como un venezolano? Pues que lo podemos hacer desde un sinfín de lugares del mundo, que sabemos el costo de perder institucionalidad y estabilidad, y que somos capaces de tomarnos un whiskey con nuestro adversario y terminar en risas. Esa última virtud, en especial, será cada vez más relevante. Todos estamos siendo polarizados al punto en el que no existe “una verdad”, si no infinitas versiones de nuestras propias verdades, y aunque estamos muy heridos por nuestro propio sufrimiento, me encantaría que pudiésemos mantener la capacidad de debate.
Tercer insight: El mundo no se mueve por derecha – izquierda; liberal – conservador; religioso – ateo. Las personas “influyentes” toman decisiones en los grises de su propio interés. Encerrarnos en discusiones por ideales abstractos en lugar de adherirnos a unos principios/acuerdos básicos y empezar a velar por resultados prácticos solamente nos llevará a la frustración. La influencia se ejecuta:
- Con discusiones privadas (con amigos y enemigos por igual) y sin grandes explosiones públicas (esas son, usualmente, distracciones y/o muestras de poder);
- Con un activismo claro por los principios y valores que demostramos en acciones (no en la intelectualidad) que eventualmente construye confianza en nuestro discurso y;
- Sin miedo a cuestionar en conversaciones personales y colaborar en comunidad.
Le he explicado a mis personas cercanas que no me siento particularmente más pesimista u optimista por el estado global, si no que ahora entiendo que el poder (así como el mundo) está en un balance constante de la diatriba del “bien” y “el mal”, y ahora lo acepto más.
Cuarto insight: Aunque está muy de moda el discurso proteccionista, la verdad es que ninguna potencia mundial puede escapar de la cooperación internacional en cierta medida. Para mí no estamos viendo un quiebre del “sistema de alianzas mundiales”, sino un cambio en cómo se mueve y en los equipos.



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