Con enorme satisfacción y orgullo, el equipo de Ceteris Paribus se complace en anunciar formalmente a la economista Naomi Silva como ganadora del Premio «Adam Smith» Economista Joven del Año 2025 de Ceteris Paribus en la categoría femenina. Este reconocimiento es un tributo a su destacada trayectoria, su impacto en el ámbito económico venezolano fundamental para el progreso del país y su compromiso por aportar soluciones innovadoras y valiosas a los desafíos de nuestra sociedad.
Naomi es economista egresada de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), actualmente se encuentra cursando la Maestría en Teoría y Política Económica en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Durante su etapa profesional se ha orientado a la investigación económica y la ciencia de datos aplicada a políticas públicas con el fin de convertir evidencia, método y contexto en decisiones mejor informadas. Ha dedicado su trayectoria al análisis macroeconómico y la consultoría, desempeñándose como economista en el equipo de investigación de Ecoanalítica y, asociado a esto, es profesora de Macroeconomía en la UCAB manteniendo un compromiso activo con iniciativas de voluntariado y educación.
En el equipo de Ceteris paribus, nos complace presentar este encuentro con una profesional que combina el rigor del análisis cuantitativo con una profunda vocación docente y compromiso social. Naomi Silva no solo aborda la economía desde la ciencia de datos y la investigación técnica, sino como una disciplina que debe tener, ante todo, un rostro humano. Su enfoque trasciende la visión tradicional de los indicadores macroeconómicos, proponiendo que la estabilidad y la eficiencia sean medidas para ampliar capacidades reales y generar movilidad social estructural en Venezuela. Para Naomi, el futuro del país depende de cerrar la brecha entre el diagnóstico técnico y las oportunidades de la población, apostando por la formación de capital humano como el motor fundamental de transformación.
“Invertir en personas cambia generaciones, no somo indicadores” – Naomi Silva
A través de esta entrevista, te invitamos a conocer a Naomi Silva, nuestra galardonada Economista Joven del Año 2025. Descubre su historia, sus motivaciones y su visión para transformar la realidad social de Venezuela mediante el rigor de los datos y el poder de la educación.
- ¿Quién es Naomi más allá de lo académico y profesional: qué hábitos, rutinas o espacios te recargan y te ordenan la mente?
Más allá de los modelos y las bases de datos, me recarga mucho tener espacios de silencio: leer sin presión académica, escribir ideas sueltas, caminar y conversar largo con personas que me cuestionen. También el voluntariado ha sido un ancla importante para mí, me recuerda que detrás de cada indicador hay personas reales. Necesito ese balance entre estructura y humanidad para sentir que lo que hago está alineado conmigo.
- Tu trayectoria mezcla economía y ciencia de datos: ¿en qué momento entendiste que el análisis cuantitativo iba a ser tu “idioma” profesional, y qué te atrapó de esa forma de pensar?
Lo entendí en mis clases de Econometría en la Universidad Católica Andrés Bello, especialmente con el profesor Luis Bárcenas. Su forma de enseñar fue determinante porque no presentaba la econometría como un conjunto de técnicas aisladas, sino como una manera rigurosa de pensar la economía. Con él entendí que el análisis cuantitativo no era solo resolver modelos, sino aprender a formular bien las preguntas y sostenerlas con evidencia.
Haber sido su preparadora y luego asistente de cátedra marcó profundamente mi formación. Enseñar esos contenidos me obligó a ganar claridad y profundidad, pero además su confianza en mí fue clave en una etapa muy formativa. Fue de las primeras personas que vio en mí una orientación clara hacia el análisis económico y me animó a asumirla con seriedad. Creo que ahí entendí que el análisis cuantitativo podía ser mi idioma profesional: no por los números en sí, sino por la disciplina intelectual y la honestidad que exige.
- En tu día a día, ¿qué “pregunta recurrente” te persigue cuando miras la economía venezolana?
La pregunta que guía mi análisis es cómo cerrar la brecha entre el diagnóstico macroeconómico y la vulnerabilidad estructural del país. En mi labor diaria en Ecoanalítica, manejo datos de coyuntura y modelos econométricos, pero siempre bajo la premisa de cómo estos afectan las oportunidades de la población. Me preocupa entender qué mecanismos institucionales necesitamos para que el crecimiento sea inclusivo y no se limite a sectores aislados.
- Si tuvieras que elegir una idea económica que te haya cambiado la forma de mirar el mundo, ¿cuál sería y por qué te marcó?
Si tuviera que elegir una idea económica que cambió mi forma de mirar el mundo, sería entender el papel de la incertidumbre en las trayectorias de desarrollo. No solo la incertidumbre como algo coyuntural, sino como un rasgo estructural que condiciona decisiones de inversión, ahorro y formación de capital humano en muchas economías latinoamericanas.
Esa idea me marcó porque me hizo ver que el desarrollo no depende únicamente de tener “buenas políticas”, sino de construir entornos previsibles en el tiempo. Cuando las reglas cambian constantemente o las crisis se repiten, las decisiones se vuelven defensivas y el horizonte se acorta. Desde entonces, miro la economía no solo como un sistema de recursos y producción, sino como un sistema de expectativas. Y entendí que generar estabilidad creíble puede ser tan transformador como cualquier reforma estructural.
- En Ecoanalítica trabajas con coyuntura, macro y consultoría: ¿qué te exige ese ritmo y qué has aprendido sobre el oficio de “explicar la economía” a públicos no técnicos?
Trabajar en Ecoanalítica ha sido clave en mi formación profesional. Es un espacio que exige rapidez, claridad y mucha responsabilidad intelectual. Cuando sabes que tu análisis va a incidir en decisiones reales, aprendes a ser más preciso y riguroso. He aprendido que explicar economía no es simplificar en exceso, sino ordenarla. Si no puedes explicar un fenómeno sin jerga innecesaria, probablemente no lo entiendas del todo. Traducir sin perder rigor es un ejercicio diario.
- Estás cursando una maestría en Teoría y Política Económica: ¿qué preguntas quieres poder responder al final de ese camino que hoy todavía sientes “abiertas”?
Me interesa entender por qué algunas economías logran convertir episodios de estabilidad en procesos sostenidos de desarrollo, mientras que otras, como muchas en América Latina, vuelven una y otra vez a escenarios de vulnerabilidad. ¿Es un problema de diseño macroeconómico, de estructura productiva, de instituciones, o de la forma en que interactúan todos estos elementos?
Pero más allá del diagnóstico técnico, lo que realmente me inquieta es cómo esa diferencia se traduce en oportunidades concretas para las personas. Cómo se pasa de estabilizar cifras a ampliar posibilidades reales. Cómo se diseña política económica pensando no solo en corregir desequilibrios, sino en construir trayectorias más estables para quienes parten de contextos frágiles. Siento que todavía tengo abiertas muchas preguntas sobre esa transición entre estabilidad y movilidad, y la maestría es el espacio para profundizar en ellas con mayor rigor.
- Formaste parte del Programa de Estudios sobre Políticas de Desarrollo dentro de Escuela Latinoamericana de Estudios del Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ¿qué cambio concreto en tu forma de pensar te dejó tu participación en esta experiencia y qué debate te interesa traer a Venezuela?
La experiencia en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe fue decisiva para mi forma de entender la economía. Ahí consolidé la idea de que la eficiencia macroeconómica no es un fin en sí mismo, sino un medio para ampliar capacidades y generar movilidad social estructural. El desarrollo dejó de ser solo una discusión sobre agregados y pasó a ser una pregunta más profunda sobre cómo las instituciones pueden actuar como motores de progreso o convertirse en barreras.
Además, el intercambio con profesionales de distintas áreas y trayectorias marcó una diferencia importante. Escuchar miradas que integraban lo productivo, lo social y lo institucional me obligó a pensar la política económica de manera más integral.
El debate que me interesa fortalecer en Venezuela parte justamente de ahí: cómo combinar estabilidad macroeconómica con transformación productiva e inclusión real. No solo cómo corregir desequilibrios, sino cómo diseñar estrategias que amplíen oportunidades de forma sostenida y estructural. Creo que esa conversación, más integral y menos fragmentada, es clave para el país.
- En un país donde la economía se vive en la calle, ¿qué te parece más urgente: mejorar diagnósticos, diseñar políticas, comunicar mejor, o formar capital humano? ¿Cómo priorizas?
Creo que todo está conectado, pero si tuviera que priorizar, diría que formar capital humano. Sin masa crítica técnica es difícil mejorar diagnósticos, diseñar buenas políticas o comunicarlas bien. Creo profundamente en el efecto multiplicador de la educación. Al final, yo también soy producto de oportunidades educativas que alguien decidió abrir. Invertir en personas cambia generaciones, no solo indicadores.
- ¿Qué “mito económico” te parece más extendido en la conversación pública y cómo lo desmontarías sin tecnicismos?
Uno de los mitos más comunes es creer que los datos económicos son verdades absolutas e incuestionables. Muchas veces se asume que un número, por el simple hecho de aparecer en una tabla o en un gráfico, ya explica la realidad completa.
Un dato es una representación, no la realidad en sí. Su valor depende del contexto, de cómo fue construido y de la pregunta que intenta responder. Sin una lectura cuidadosa de la metodología y sin entender el entorno institucional, los números pueden llevar a diagnósticos incompletos. Más que confiar ciegamente en las cifras, creo que el desafío está en interpretarlas con criterio y complementar el análisis cuantitativo con una mirada más amplia.
- Como docente, ¿qué te gustaría que un estudiante recuerde de tus clases dentro de cinco años?
Actualmente, como profesora de Macroeconomía, mi meta es que mis estudiantes desarrollen un pensamiento crítico que trasciendan las clases. Más que recordar una fórmula específica, me gustaría que conservaran la ética del análisis: la capacidad de ver la economía con rostro humano. Quiero que recuerden que la excelencia académica solo cobra sentido cuando se pone al servicio de la resolución de problemas reales.
- Cuando piensas en “impacto”, ¿qué te entusiasma más: investigación, consultoría, academia o política pública? ¿Cómo imaginas ese balance en tu carrera?
Me entusiasma la intersección. Me gusta investigar porque ordena ideas, la consultoría porque aterriza decisiones, la academia porque forma, y la política pública porque transforma. Me imagino una carrera híbrida, donde pueda moverme entre investigación aplicada, docencia y eventualmente incidencia en política económica con una base técnica sólida.
- ¿Dónde te visualizas de aquí a 10 años a nivel profesional?
Me visualizo trabajando en espacios donde pueda combinar análisis económico con formación y acompañamiento social. Me gustaría seguir vinculada a la academia, quizá con producción propia, pero manteniendo siempre mi vínculo con la formación de capital humano en Venezuela. Aspiro a lograr ser un puente para que más jóvenes tengan acceso a la misma formación de calidad que yo recibí.



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